
Lo primero es que debemos concordar cual es la acepción que le damos al término “SUSTENTABILIDAD”, y para complicar aún más el tema, el de “SOSTENIBILIDAD”.
Para comprender la dificultad de llegar a este acuerdo, podemos revisar el camino recorrido por los Académicos de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad politécnica de Madrid, quienes ya llevan un prolongado periplo en este sentido, que tuvo un momento culminante cuando en el año 2004 se realizó un Seminario sobre el tema, cuyo segundo fin, -además de la definición concordada – era generar una entidad encargada de velar por la “Sostenibilidad”, que es así como le llaman los hispano hablantes en Europa.
Las palabras que siguen, corresponde a las del Director de dicha Escuela de Arquitectura con motivo del lanzamiento de ese Seminario:
Presentación de Juan Miguel Hernández de León
“Para los profesionales implicados en la acción sobre el entorno humano, los requerimientos para una óptima sostenibilidad del medio que habitamos no son sólo demandas de índole técnico (que lo son también de modo urgente e inexorable), sino que implican con creciente complejidad otras disciplinas y muestran los perfiles de una nueva cultura que sin duda informará el futuro de la humanidad.
Esta cultura está siendo nutrida desde posiciones científicas, técnicas, de acción y pensamiento que, por el momento, se muestran inconexas no sólo entre sí sino incluso dentro de sus propios ámbitos disciplinares.
Son tiempos de compromiso ético con nuestras respectivas responsabilidades, pero son también prometedores para una necesaria revisión en profundidad de los presupuestos de la contemporaneidad, que sin duda nos serán impuestos desde foros sociales y para los que debemos estar no sólo preparados, sino capacitados para intervenir, acaso anticipadamente, a la convocatoria normativa y productiva que se anuncia inminente, sino muy especialmente en la reformulación de nuevos paradigmas en los que referir nuestro trabajo.”
Ante la evidencia de no acuerdo en la utilización del termino sustentable, se han producido situaciones de ir incluso minando la aprobación colectiva del mismo, ya que su uso reiterativo en diversos escenarios y con una interpretación ambigua no está generando resultados satisfactorios a las expectativas que se han creado al respecto. “La insatisfacción creciente entre técnicos y gestores que ha originado esta situación, está multiplicando últimamente las críticas a la mencionada ambigüedad conceptual y solicitando cada vez con más fuerza la búsqueda de precisiones que hagan operativo su uso”[1].
El mismo autor señala que en el origen, el concepto que surge de la economía, lo hace con ambivalencia, y, a pesar de eso se fue adaptando a partir de lo que en su momento se denominó “ecodesarrollo”.
Así también Naredo[2], nos señala que aún sin lograr que las penumbras se puedan aclarar, por más que tratemos de adicionarlo con definiciones exactas y transparentes y llevemos a la discusión si nos es más atractivo hacer la traducción del término inglés originario sustainability por sostenibilidad, durabilidad o sustentabilidad; no podremos hacer ninguna aplicación práctica del término con resultados tangibles, situación que para nuestra aflicción se está desarrollando.
Por tanto cabe preguntarse, ¿qué situación descriptiva del término es más consecuente con su etimología? Realizada la externalización de esta duda, podemos ver que Heidegger[3], ya en 1951, a partir de la situación de carencias graves que sufría la Alemania de la Post guerra, se refiere en este escrito sobre el Construir y el Habitar desde una perspectiva distinta a la del Arquitecto. Lo aquí expuesto en el amplio concepto de "habitar" abarca en cuanto "mortales de la tierra" que somos la totalidad de nuestra permanencia terrenal. De tal manera, el pensamiento podría extenderse más lejos de la simplicidad de construir y, con esto, se le dota de una dimensión superior y trascendente al habitar.
El autor nos dice:, “Al habitar llegamos, así parece, solamente por medio del construir. Éste, el construir, tiene a aquél, el habitar, como meta”. Y nos señala que el hombre se siente forjador del lenguaje que expresa nuestras ideas, cuando en realidad es el lenguaje quien ha comandado al hombre. Y así nos hace reflexionar si lo que diseña y construye el hombre para morada del mismo, es en definitiva la genuina respuesta para el habitar.
Heidegger revisó las derivaciones etimológicas de la palabra habitar del alemán, “El modo como tú eres, yo soy, la manera según la cual los hombres somos en la tierra es el Buan, el habitar”, y luego señala: “Pero si escuchamos lo que el lenguaje dice en la palabra construir, oiremos tres cosas:
1.° Construir es propiamente habitar.
2.° El habitar es la manera en que los mortales son en la tierra.
3.° El construir como habitar se despliega en el construir que cuida — es decir: que cuida el crecimiento — y en el construir que levanta edificios”.
Y esto, ciertamente lo deja explícito cuando nos lleva a la reflexión sobre la construcción rural en la Selva Negra y todo lo que ella lleva implícito, desde la perspectiva de la adecuación a la geografía, a la climatología, a los materiales disponibles, a los requerimientos del cuerpo y del alma, en definitiva, de todos los aspectos que son consustanciales al ser, señalándonos: “La esencia del construir es el dejar habitar. La consumación de la esencia del construir es el erigir lugares por medio del ensamblamiento de sus espacios. Sólo si somos capaces de habitar podemos construir. Pensemos por un momento en una casa de campo en la Selva Negra que un habitar todavía rural construyó hace siglos. Aquí a la casa la ha erigido el ejercicio reiterado de la capacidad de dejar que tierra y cielo, divinos y mortales entren simplemente en las cosas. Ha emplazado la casa en la ladera de la montaña que está a resguardo del viento, entre las praderas, en la cercanía de la fuente. Le ha dejado el tejado de tejas de gran alero, el cual, con la inclinación adecuada, sostiene el peso de la nieve y, llegando hasta muy abajo, protege las habitaciones contra las tormentas de las largas noches de invierno. No ha olvidado el rincón para la imagen de Nuestro Señor, detrás de la mesa comunitaria. Ha dispuesto en la habitación los lugares sagrados para el nacimiento y para «el árbol de la muerte», que así es como se llama allí al ataúd. Y de este modo, bajo el tejado, a las distintas edades de la vida les ha marcado de antemano la huella de su paso por el tiempo. A la casa de campo la ha construido un oficio que surgió, él mismo, del habitar. Un oficio que necesita, además, sus instrumentos y sus andamios como cosas”.
Aquí está la respuesta a nuestras inquietudes, Construir y Habitar desde la perspectiva de sus orígenes etimológicos y la carga de contenidos que soporta, son absolutamente equivalentes a la acepción de sustentabilidad. El gran diseño Arquitectónico, y la adquisición de capacidades para ejercer la labor de llevarlo a cabo, no tendrán ningún sentido si no hay una retroalimentación con el concepto profundo de Construir y Habitar. Si y sólo si se desarrolla una labor profesional a conciencia, se estará siendo consistente con el origen de este proceso ancestral, profundamente arraigado en nuestras necesidades más elementales y provistas del contexto con los aspectos del entorno inmediato que nos acogen, donde se requiere de una absoluta consistencia de respuestas para el construir que no nos haga depender de la incorporación de objetos y materiales que no tengo a mi inmediato alcance. Que estos materiales los pueda utilizar de una forma coherente con sus características que le son propias para reforzar los aspectos que se desea resaltar de la calidad del habitar en el lugar que se trabaja, y que junto a sus propiedades físicas, los sepa conjugar de acuerdo a la implantación en el espacio de la construcción. Las directrices serán entonces todas las variables que provoquen por una parte el asoleamiento dada la latitud de la construcción, como la llegada de la luz a los recintos, del calor del sol en sus muros y pisos; así como las características del clima que predominan en el lugar de la obra, con sus volúmenes y tipo de precipitaciones o carencias de ellas, temperaturas medias, vientos predominantes y persistencia o no de los mismos, y que a la preocupación por estos aspectos se le ha dado el calificativo de “Arquitectura bioclimática” en su extensión más amplia o “Arquitectura Solar pasiva” en su vertiente más específica, que sin embargo no han llegado a resaltar las particularidades del usuario, sus valores culturales y su espiritualidad como tan bien lo señala Heidegger respecto a la construcción rural de la selva Negra, la cual, sin lugar a dudas posee un análisis más integral.
Lo cierto es que más allá de los calificativos que se le ha dado a estas aproximaciones del construir para habitar, de lo que se está hablando es de lo que Heidegger nos hace tangible a partir de su análisis: la sustentabilidad, que es la competencia que debe tener el Arquitecto al generar su proyecto, que no es meramente una forma, sino que Construir y Habitar, considerando el lugar, los materiales, y sus ocupantes, cada cual con sus propias características, o sea una visión definitivamente más integral de todo el proceso de diagnóstico, evaluación y propuesta para el trabajo arquitectónico. Parece lo lógico, pero la evidencia nos señala que no lo ha sido.
Más allá de rescatar esta interpretación deducida del análisis del Heidegger y las aproximaciones que hace Neredo, así como lo acaecido en la resolución del seminario llevado a cabo por la ETSAM de la Universidad Politécnica de Madrid, que por sí nos resulta relevante, podríamos intentar un acercamiento a nuestra apropiación semántica, con unas PROPUESTAS DE ACCIÓN PARA ALCANZAR LA SOSTENIBILIDAD realizadas por varios autores en torno a parámetros generados por los organismos pertinentes de las Naciones Unidas, las que nos irían guiando por el camino de la acción, a la resolución del compromiso de la acepción.
Así tenemos que:
-Uno de los propósitos de las estrategias orientadas a lograr la sostenibilidad es canalizar los esfuerzos de la sociedad para alcanzar metas previamente acordadas de crecimiento económico, equidad y sostenibilidad ambiental, conciliando los distintos estilos de desarrollo que imperan en los países de la región.
Para ello es preciso, entre otras cosas, realizar lo siguiente:
-Adoptar modelos de gestión o estilos de desarrollo que conduzcan a alcanzar niveles de sostenibilidad dentro de cada territorio donde existe una sociedad organizada;
- destacar la dimensión ética y moral que debe acompañar la selección de los estilos de desarrollo, especialmente en lo relativo a la equidad social, ambiental y económica;
- analizar temas ecológicos, económicos y sociales en forma integral, complementando y estableciendo relaciones entre las variables que las definen en cada territorio;
- invertir un porcentaje significativo de recursos económicos, producto de la explotación de los recursos naturales renovables y no renovables, en conocer cómo funcionan los ecosistemas de cada región[4]
En estas estrategias, lo que se sustenta, o debe hacerse sustentable, es el proceso de mejoramiento de la condición humana, o lo que solemos denominar como el mejoramiento de la calidad de vida, proceso que no necesariamente requiere del crecimiento indefinido del consumo de energía y materiales[5].
A largo plazo, la opción que se perfila como viable es intentar lograr la sustentabilidad del sistema socioecológico completo[6].
Los aspectos que dan sentido a considerar el sistema como un todo es la existencia de importantes vinculaciones entre lo humano, que es la sociedad y lo biofísico representado en la naturaleza y que además pueden definirse desde los más amplio o global hasta lo más acotado o local.
Gallopin concluye señalando que la sustentabilidad es un atributo de los sistemas abiertos a interacciones con su mundo externo, no siendo “un estado fijo de constancia, sino la preservación dinámica de la identidad esencial del sistema en medio de cambios permanentes”.
Debemos añadir que los más puristas de la acepción del término, a partir de lo que dispondrán las futuras generaciones, le dan también otras connotaciones frente a los temas ambientales. Así surgen dos vías de interpretaciones o corrientes, siendo una la Sustentabilidad Débil y otra la Sustentabilidad Fuerte[7]. Así se desprende que de la primera corriente, básicamente se acepta que hay un trasvasije aceptable de los capitales que inciden en la acepción, es decir, el capital económico puede suplir al capital natural o de los recursos naturales o entre ellos al capital social. Dicho de otra forma, sería aceptable que si a las futuras generaciones les dejo un menor capital natural si lo equilibro con un mayor capital de infraestructuras (algo así como menos áreas silvestres protegidas pero más carreteras y puentes), donde importa la suma total de los capitales. En cambio para la segunda corriente esto es inaceptable, ya que los capitales no son transferibles entre sí, más aún, los de origen natural o ecológicos se consideran críticos para la subsistencia de los sistemas biológicos y energéticos, por tanto son intransables con el construido por el hombre, y por lo tanto no es aplicable la sumatoria de los capitales.
Estas definiciones complementarias por lo tanto, nos llevan a tener en consideración que hay una gradualidad en la acepción, y ahí debemos asumir posiciones respecto a nuestra visión de cómo preservar nuestro entorno, que en lo global es nuestro planeta Tierra, y es uno…y en lo local es nuestra vivienda donde habitamos.
[1] Sobre el origen, el uso y el contenido del término sostenible [1] José Manuel Naredo, Madrid (España), 1996.
[2] Previamente citado en 1, subtitulo de párrafo “Sobre el contenido del término sostenible”.
[3] MARTIN HEIDEGGER, Construir, Habitar, Pensar. Alemania 1951.
[4] Políticas públicas para alcanzar la sostenibilidad ambiental, capítulo 6, UNDP.
[5] El Desarrollo Sostenible, Gilberto Gallopin , 2000.
[6] Sostenibilidad del sistema socioecológico total. Gilberto Gallopín y otros 1989.
[7]Desarrollo Sustentable y temas afines, Alejandro Canut de Bon L. I.S.B.N. 978-956-310-733-3. Registro Propiedad Intelectual Inscripción N° 154.750.Primera Edición Agosto 2007, 1.000 ejemplares, publicado por el Consejo Minero. Santiago de Chile.


