Sustentabilidad, un imperativo...

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Tuesday, April 01, 2014

Respecto a la propuesta de reforma tributaria


La mayoría de los economistas coinciden en que, potencialmente, el mayor obstáculo para el éxito de la Reforma Tributaria será el crecimiento.

Y pasa que cuando se habla del crecimiento, se habla de este como un tema asociado a PIB pero sin geolocalización. Sin embargo, hasta ahora nadie ha mencionado un tema que dado el exacerbado centralismo de nuestro país, se sigue por ese camino, y es que los impuestos son regresivos territorialmente. 

Por lo que eventualmente el crecimiento se podrá producir pero con un desequilibrio territorial en sus orígenes. La estructura existente y la propuesta, no consideran para nada los esfuerzos que tiene que hacer los MIPYME y PYMES en las regiones extremas para sacar adelante sus negocios cuando son efectivamente regionales. Y se les carga la mochila impositiva de la misma manera que a los que están en la Metrópoli. Por lo demás, nada se menciona respecto a aquellos grandes negocios instalados en regiones, pero que tienen domicilio legal en Santiago, con lo que no dejan impuestos en la región de localización. 

Si queremos desarrollar un crecimiento mas equilibrado del país, como lo planteo en su momento Pedro Aguirre Cerda cuando creo CORFO, es necesario generar incentivos a polos regionales de  desarrollo.  Para esto sería conveniente que el legislativo perfeccionara la propuesta de Reforma Tributaria en este sentido, haciendo así de Chile, un país equitativo socialmente y también territorialmente.


Carlos Muñoz Parra.

Thursday, November 07, 2013

                                              Estudiante de Arquitectura, Pilar Peterson. Foto: Hugo Salas.

Estudiante de Arquitectura propone espacios públicos orientados al bienestar y permanencia de las personas

Pilar Peterson afirma que producto del crecimiento inorgánico del gran Santiago, el imperativo de hoy es planificar una ciudad más amable para sus habitantes.

Pilar Peterson se interesó en la Arquitectura cuando comenzó a cuestionarse porqué la ciudad tenía la forma que tenía. Aún estaba en el colegio, pero a medida que comenzaba a interesarse en el diseño de las calles y a conocer la historia de la capital, se fue dando cuenta que el urbanismo es un reflejo de la forma en que las personas viven su ciudad.

Hoy, como estudiante de 4º año de la carrera, comprende la importancia de una planificación urbana pensada en las personas, sobre todo para Santiago. “El gran problema de esta ciudad es que no fue programada, sino que se extendió espontáneamente por el crecimiento explosivo de la población”, sostiene y explica que por eso, la construcción de sectores residenciales se acerca cada vez más a las plantas de tratamientos de aguas, o cómo los sectores industriales quedaron insertos en las áreas habitables.

Pilar Peterson lamenta que pocos candidatos presidenciales hayan hablado de sus proyectos de desarrollo urbano para implementar en el país, ya que “no entienden que la ciudad es un problema social, porque le recuerda permanentemente a las personas los problemas que los rodean”, como el desplazamiento del transporte, el acceso a los servicios, la reducción de los espacios peatonales en favor de los automóviles y la poca disponibilidad de espacios públicos de calidad, “el problema no es construir más plazas razas, sino implementarlas con árboles o infraestructura para que sea ameno caminar, estar ahí y disfrutarlas”.

Pilar afirma que la ciudad es el reflejo de las personas que la habitan, por eso “Santiago evidencia que somos una sociedad divida entre la clase alta, que vive en el sector oriente, mientras que los sectores más pobres se ubican en el poniente y en la periferia”. También se nota la sensación de inseguridad de las personas en el encierro permanente: “Vivimos enrejados, con miedo de los espacios públicos abiertos, pasando de un espacio cerrado a otro. Por eso, el símbolo actual social es el mall”.

Querer Santiago

Mañana es el día del Urbanismo y Pilar estará presente en las actividades que su Escuela ha preparado. Gracias a su formación con un fuerte sello social le preocupa encontrar soluciones para hacer la ciudad más amigable, “vemos la arquitectura como un bienestar social”, sostiene.

“Para cambiar la ciudad hay que cambiar de mentalidad y mirar más allá de lo que tenemos, porque siento que la gente de Santiago no quiere a su ciudad, no le tienen cariño y por eso la descuidan”, dice.

Agrega que las ciudades deberían programarse para hacer partícipes a los ciudadanos y no ofrecer sólo plazas de paso. “La ciudad debería ser amigable con todos los usuarios, entretenida de recorrer, con lugares amenos que gusten a las personas y las influyan positivamente, donde las distancias se vuelvan más cortas y los trayectos sean más agradables para la vista, una ciudad para los ciudadanos, no para los automóviles”.

Finalmente, Pilar valora la inserción del campus de nuestra Universidad en el corazón de una de las comunas más transitadas. El espacio, que comprende 32 hectáreas, integra todos sus organismos y componentes, rodeados de importantes sitios dedicados a la vegetación. “En el campus hay muchas áreas verdes que lo hacen muy bonito y agradable para la convivencia”, concluye.
http://www.udesantiagoaldia.cl/content/estudiante-de-arquitectura-propone-espacios-publicos-orientados-al-bienestar-y-permanencia

Tuesday, November 05, 2013

5 de noviembre de 2013

La re(de)volución regionalista de Bachelet

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Director Dpto. de Ciencia Política y RRII de la Universidad Alberto Hurtado. Doctor en historia y cientista político.
Chile está ad portas de un giro que le haga sanar las heridas que el centralismo provocó a las regiones (provincias) desde el triunfo conservador en 1830 que impuso el autoritarismo. La candidatura de Michelle Bachelet, desde la DC al PC, junto a independientes y agrupaciones sociales-territoriales, han formalizado en su programa los tres pilares de un profundo proceso de regionalización democrática y solidaria, que dará tanto libertad (autonomía) como instrumentos de solidaridad a las regiones: a) elección de intendentes para ser un país regionalizado con poder desde la soberanía de los que habitan el territorio, rompiendo los casi dos siglos de imperio de la delegación centralista; b) aumento de la inversión con decisión regional para profundizar la transferencia de recursos (al menos creció el FNDR en la última década); y c) creación del Fondo de Convergencia Regional, inyectando más recursos, flexibilidad y proactividad a la gestión regional para apoyar los territorios rezagados y apostar al desarrollo territorial con vigor.
Las brechas de desigualdad son evidentes y explican la ola de protestas y rabia justificada: Tocopilla debe mendigar especialistas en salud aunque tiene megatermoeléctricas, Calama busca parques y formación técnica siendo el mayor distrito minero del mundo, el Maule Sur busca revertir su mortalidad infantil que es cinco veces que la de Vitacura, los territorios mapuches un modelo socioeconómico sustentable y valorativo de su vida (se ha subsidiado a las grandes forestales más que a la agricultura familiar), el sur protestó en Aysén-Magallanes para “defender” subsidios (gas) y aparecer en las políticas sin continuidad de conectividad, educación y empleo.
Lo decidido por Bachelet abre un nuevo ciclo para las regiones: acabar con la cooptación y el mendigar (y llorar) en un modelo centralista-paternalista, para ir a la descentralización, que es poder del otro, del hermano(a) que tiene su autonomía para dibujar sus sueños y políticas (la fraternidad como horizontalidad conflictiva, diversa y virtuosa).
Lo esencial es enfrentar la pobreza que se concentra entre el Maule y Los Lagos, y aumentar los recursos para la competitividad y el fomento productivo que inspiró la creación del royalty minero y el Fondo de Innovación para impactar en las regiones. Como dicen, con sorna y resentimiento, en todos los círculos regionalistas: “Van a las sexta línea de Metro y no hay tren a Concepción”.
El Fondo de Convergencia Regional, financiado ya sea por transferencias o tasas territoriales, será administrado por las regiones –como lo anunció la ex Presidenta en el sur– para pactar con municipios y ministerios programas plurianuales de intervención en los nudos críticos de desigualdad: cobertura de salud, presencia y calidad de la educación en los tres niveles (allí incluyó su promesa de CFT público en todas las provincias y universidad pública en las dos regiones que no tienen: O’Higgins y Aysén), empleos, conectividad, infraestructura básica. Una Comisión plural de Estado y sociedad aportará a su diseño y definiciones claves para financiamiento e implementación.
La elección de Intendente, sumada al paso dado en los consejos regionales, dinamizará la política territorial y, en la medida que crezcan los recursos, se potenciará la corresponsabilidad y el enriquecimiento de la esfera pública de debates sobre la agenda regional. Estos gobiernos regionales democráticos deberán tener mayores poderes que los ministerios sectoriales, tanto para apoyar sus zonas metropolitanas (gobierno de la ciudad) como para potenciar los territorios rururbanos y aislados.  Además, su anuncio de facilitar partidos en una región, en junio pasado, en el Consejo Nacional para la Descentralización y Regionalización, CONADERE, permitirá valorar las plataformas ciudadanas, ambientalistas, regionalistas e indígenas, las que pasarán a ser sujeto protagónico de la representación. La insistencia de Bachelet en dar un salto en la ley de cuotas para facilitar también la igualdad de género, abre perspectivas notables de dibujar en el momento constituyente de amplia participación posibilidades de territorios diferenciados con niveles de autonomía, como las que practican las grandes democracias avanzadas, de Canadá a Nueva Zelandia, de Suecia a Dinamarca, así como países de Sudamérica que han dado pasos notables en descentralización como Argentina, Colombia, Perú y Bolivia.
Lo decidido por Bachelet abre un nuevo ciclo para las regiones: acabar con la cooptación y el mendigar (y llorar) en un modelo centralista-paternalista, para ir a la descentralización, que es poder del otro, del hermano(a) que tiene su autonomía para dibujar sus sueños y políticas (la fraternidad como horizontalidad conflictiva, diversa y virtuosa).  Por cierto, acompañada de la seriedad, control de la corrupción, participación ciudadana (se ha sugerido la ley de presupuestos participativos regionales), monitoreo de indicadores y corresponsabilidad fiscal. La Nueva Mayoría por los cambios, que debe crecer para materializar estas reformas, permitirá este proceso reconstituyente de las relaciones de poder, con su aporte revolucionario (revolver lo que hay estancado, al decir de Alberto Hurtado) y de devolución de soberanía/recursos a los que habitan los territorios, el antiguo pacto de la unión de los pueblos de Chile, propiciada por Freire e Infante, y borrada a sables y pólvora desde 1830.
http://www.elmostrador.cl/opinion/2013/11/05/la-redevolucion-regionalista-de-bachelet/?utm_source=rss&utm_medium=feed&utm_campaign=RSS

Sunday, November 03, 2013

3 de noviembre de 2013

El auto eléctrico, futuro posible y sustentable

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Unidad de Arquitectura Extrema Universidad Técnica Federico Santa María
En Chile de 2011 el 34,7% del total de la energía primaria del país fue petróleo, con 2.491 teracalorías nacionales y 92.348 teracalorías importadas (Comisión Nacional de Energía), lo que indica que, aparte de ser el energético más importante para el desarrollo del país, la mayor parte de él debe ser importada.
El tener que importar nuestro principal energético, nos convierte en un país frágil y dependiente, además de ser un energético no renovable e insustentable. El petróleo se usa quemándolo, lo que también es un importante aporte a la contaminación del país y sobre todo la contaminación del aire de sus ciudades.
Es más, en Chile el sector transporte se mueve en un 99,4% con petróleo y sus derivados. Tenemos un transporte sucio, caro, dependiente y contaminante, sólo el 0,6% es eléctrico y eso incluye el metro de Santiago y nuestros escuálidos ferrocarriles.
Un dato importante necesario de saber para entender esta situación, es que para el clásico motor Otto, que es el modelo universal que se encuentra en la mayoría de nuestros transportes, su eficiencia media no supera el 20 a 25 %. Esto significa que, con buena conducción y buena mantención, con suerte sólo la cuarta parte de la energía que usamos en esto se convierte en movimiento útil. El resto se pierde en calor, ruido, roce, etc. Un motor  moderno tiene además cientos de partes móviles y miles de partes fijas en sus componentes, por lo tanto, la probabilidad de fallas es grande y la incorporación de fallas en las mismas muy fácil para la industria.
Ahora bien, ¿cuál es el verdadero peligro de este cambio que viene? El peligro está en que las personas tienen la posibilidad de producir su propia energía eléctrica con tecnologías que ya son plenamente comerciales. Si pueden producir su propia energía eléctrica, será posible que carguen con energía limpia, de fuente local, sus propias baterías de última tecnología. Ya hay muchos chilenos que tienen en sus casas sistemas fotovoltaicos, máquinas eólicas o minicentrales hidráulicas que les dan una cierta autonomía energética.
¿Y el motor eléctrico? Pues las cifras actuales son muy interesantes en la comparación con el motor a combustión. En un motor eléctrico, dependiendo de su calidad, entre un 85 y un 90% de la energía que se le entrega se convierte en movimiento, no aporta gases de invernadero. Tiene, además, muy pocas partes móviles y bien construido es difícil de deteriorar. De hecho, muchos de los primeros automóviles de la historia fueron eléctricos, los primeros 100 km/h los hizo un auto eléctrico, en 1899, la “Jamais Contente” de Bélgica.
Las sucesivas crisis del petróleo, el insostenible aumento de la contaminación en las ciudades han traído de vuelta, luego de cien años, al automóvil eléctrico, al principio tímidamente híbridos y hoy en día, 2013, honestamente eléctricos.
Como todas las grandes invenciones, desde Michael Faraday hasta hoy, el motor eléctrico no ha cambiado casi nada y sigue siendo simple, barato, silencioso y de pocas piezas. Todo un problema para la industria de mercado; algo barato y simple que dura mucho, no promete buenos negocios, pero habrá que acostumbrarse a la idea.
Del auto solar al triciclo eléctrico
El consumo eléctrico, cantidad de energía, que consume un auto eléctrico comparado con un equivalente a petróleo puede ser menos de una quinta parte, además sin ruido y sin humo. El asunto que limita estas cosas es aún el almacenamiento de energía. El automóvil a combustión interna lleva un tanque de bencina a cuestas, que hay que ir llenando de vez en cuando, y tras el tanque hay una red de distribución, hay buques tanque, oleoductos, refinerías, pozos de petróleo, fronteras y guerras. La electricidad está mucho más cerca, puede ser de producción nacional e, incluso (muy peligroso para el mercado), puede ser autoproducida en casa. Como el tanque de bencina, la electricidad se puede almacenar en baterías que día a día mejoran, son más livianas y soportan más carga.
Un sistema de modernas baterías para 300 km de autonomía, usadas como pack intercambiable, requiere de estaciones de servicio en los caminos, donde recambiar el pack, como quien coloca bencina en el tanque, con la misma frecuencia que los actuales servicentros. La increíble ventaja radica en que, además de poder cargarse con sistemas autónomos, se pueden recargar directamente en la red eléctrica de su casa o su oficina o en ambas.
Lo importante es que, además, la electricidad debiera ser conseguida por energéticos sustentables. O sea, ni carbón ni petróleo ni gas, el futuro indica que puede ser y será solar o eólica, de los océanos, geotérmica o microhidráulica. Todas estas últimas energías, que Chile tiene en abundancia,  están disponibles en contra de un sucio petróleo que Chile no posee.
El desafío del auto solar dejó paso al auto netamente eléctrico que no tiene por qué llevar lomos los metros cuadrados y kilos de fotovoltaicos; pisamos el palito, pero ya no. Un pequeño e ingenioso triciclo eléctrico, diseñado por un equipo de estudiantes de la Universidad Santa María, triunfó en un desafío nacional, ganando en velocidad, permanencia y diseño. El equipo –que agrupa a alrededor de 20 alumnos de diversas carreras– fue liderado por Nicolás Suanez, estudiante de Ingeniería Civil Mecánica. El pequeño vehículo, unipersonal, muestra un concepto mixto aplicable a transporte en ciudad, tiene pedales y motor eléctrico con una autonomía probada en 40 kilómetros, sus baterías se pueden cargar con una planta fotovoltaica o en la red de la casa. Simple, estas nuevas ideas de nuevos ingenieros pueden cambiar el destino del planeta.
Hoy en día hay en oferta automóviles eléctricos comerciales, en el formato cotidiano de los autos a gasolina, con baterías para 300 o 500 km. La tendencia mundial del desarrollo de baterías va en dirección de hacerlas cada vez más livianas, baratas y duraderas, por lo tanto, el escollo tecnológico principal, la acumulación, ya está vencido. Llevar baterías eléctricas en el auto es lejos mucho más sano que llevar en el mismo auto 50 o 100 litros de líquido explosivo en un estanque.
Siguiendo la costumbre del siglo XX de ir a la estación de bombeo a cargar líquido explosivo, la propuesta eléctrica del siglo XXI sería ir a una moderna estación de carga a cambiar el pack estándar de baterías descargadas por uno cargado. ¿Cargado con qué?, con electricidad conseguida una maquina eólica de varios megawatts, con una planta fotovoltaica o con ambas cosas juntas, también al lado del mar con energía undomotriz, o una estación geotérmica o una minihidráulica. Cada territorio y cada clima con su energía. Todas estas tecnologías existen en el mundo y son altamente competitivas. En Chile abundan todas estas energías y, recalco majaderamente, no hay petróleo y el carbón mineral es de lo peor.
Ahora bien, ¿cuál es el verdadero peligro de este cambio que viene? El peligro está en que las personas tienen la posibilidad de producir su propia energía eléctrica con tecnologías que ya son plenamente comerciales. Si pueden producir su propia energía eléctrica, será posible que carguen con energía limpia, de fuente local, sus propias baterías de última tecnología. Ya hay muchos chilenos que tienen en sus casas sistemas fotovoltaicos, máquinas eólicas o minicentrales hidráulicas que les dan una cierta autonomía energética.
La red eléctrica, que en Chile  es privada y con mucho poder económico, ha intentado retardar lo más posible el “netmetering”, ley 20.571, que obligaría a las redes privadas a compensar a los autoproductores eléctricos conectados a la red pública, perdón, debiera decir privada. En España el mismo sector está intentado colocar en estos momentos un impuesto a los autoproductores fotovoltaicos, para frenar el avance casi imparable de los que invierten para producir su propia electricidad.
El auto eléctrico está en la misma contienda, con millones de personas y miles de fábricas en todo el planeta reproduciendo, por millones al año, el motor a gasolina, miles de automotoras vendiéndolos, con miles de billones de dólares tras los pozos de petróleo, las refinerías, los oleoductos, los barcos, los poderes y las guerras asociadas. Pues, el panorama futuro de la autonomía energética se ve aún bastante duro. Sin embargo, la conversión tecnológica, social y paradigmática del actual mercado global ya está en marcha. El vehículo eléctrico es más barato, menos contaminante y mucho más lógico para todas las ciudades del planeta.
http://www.elmostrador.cl/opinion/2013/11/03/el-auto-electrico-futuro-posible-y-sustentable/?utm_source=rss&utm_medium=feed&utm_campaign=RSS

Wednesday, October 30, 2013

28 de octubre de 2013

La universidad nerd

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Artista visual
Las universidades son, desde el siglo XIII europeo, y desde las postrimerías de la era colonial en América, el reino oficial u oficializado del conocimiento. Fueron mayormente públicas, hoy ya no, y las fronteras que antes había entre lo público y lo privado se han hecho borrosas. Se supone en todo caso que la sociedad, mediante mecanismos diversos, sostiene estos espacios donde los especialistas debidamente jerarquizados investigan o crean, y los más jóvenes aprenden.
Investigar, crear y aprender son actividades que los humanos acometemos por naturaleza, incesantemente a lo largo de la vida. Según John Holt, somos animales curiosos, necesitados de saber cosas, y crear algo nos brinda siempre un placer especial. Los problemas comienzan (lo muestra brillantemente Ivan Illich) cuando el espacio educativo, en este caso universitario, se institucionaliza, se jerarquiza, y se propone reglamentar mediante protocolos rígidos las operaciones naturales de investigar, crear y aprender. Lo que ocurre durante esas operaciones es que el fin declarado de la institución –el saber– se cambia por otro, que es finalmente la pervivencia de la casta administrativa, el mantenimiento en el tiempo de la institución, y lo demás da un poco lo mismo.
Desde que operan en el mundo las reformas a la universidad impulsadas hace treinta años por la señora Thatcher, Reagan y Pinochet, nos encontramos con un sistema –hoy globalizado– cuyo principal afán es financiarse y brindar servicio a sus clientes, para lo cual los actores académicos necesitan exhibir indicadores. De otra manera no hay sueldo para ellos. Los indicadores son una especie de dinero o fichas de pulpería con los cuales se compran recursos en el mercado del sistema universitario.
La universidad de hoy, sin embargo, premia a los nerds y castiga o ahuyenta a los espíritus creativos y a las almas dinámicas. El lenguaje entero de la universidad se ha vuelto insoportablemente nerd. No parece que nadie en el mundo coleccione papers o se los lleve a las vacaciones para leerlos o se los regale a un ser querido. El lenguaje y el fraseo positivista de los papers científicos es estiércol cuando lo llevamos al mundo de la creación artística. La creación artística es siempre nueva, sorprendente, y no arranca de hipótesis alguna. Tenemos al arte, apunta Nietzsche, para no morir a causa de la verdad. Pero eso no lo saben nuestros vicerrectores.

La clientela universitaria de hoy no es ya un grupo de seres de elite preocupados por el conocimiento, sino una masa de personas justamente ansiosas de validarse como miembros de un amplio segmento social transversal con acceso a los bienes que forman el equipo o kit del buen vivir contemporáneo: casa propia, auto, conexión a internet, smartphone, ropa de marca, educación privada para los hijos, ausencia de obligaciones en el trabajo manual, etc. Para este público la universidad funciona como una plataforma de promoción e inclusión, y así lo ven los políticos y en general la sociedad. Un curso o un grado, en este contexto, no tienen más sentido que sumar puntos para obtener las certificaciones que consolidan aquel estatus. Las dinámicas propias de la generación, transmisión y conservación del saber poco interesan en el nuevo esquema dominante.
Dentro de esta floreciente industria así instalada, los académicos operan como modestos proveedores del sistema, y deben a su vez validarse constantemente, aportando a sus instituciones aquellas acciones y productos que sirven para sumar puntos. Se validan los clientes (estudiantes), se validan los proveedores (académicos) y se valida a su vez la institución-empresa (la universidad). Todas estas validaciones son administrativas, arbitrarias, a la manera de los puntos de un juego de cartas.
El académico como caballero andante, pionero, descubridor o conquistador de nuevos territorios siempre inciertos que se van agregando a lo que la humanidad conoce, ha sido reemplazado por este afanoso proveedor de servicios que es el académico evaluado, calificado, jerarquizado, acumulador de millaje académico, pasivo jugador de un sistema de reglas impuestas por burócratas y por formularios. Un alumno más del colegio en el cual se ha ido convirtiendo la universidad, antes refugio de los espíritus libres. Los estudiantes son hoy clientes, y el fangoso reino del comité, que obstaculiza sin producir, ocupa y tapona el espacio de la libertad.
Los indicadores que se imponen hoy en el sistema tienden a ser cuantitativos y estandarizados, porque de otro modo no podrían las autoridades políticas y económicas asignar recursos a lo que se va haciendo dentro de las universidades. Categorías como “interesante”, “cálido”, “participativo”, “público”, “emocionante”, etc., no son útiles para la asignación de recursos, en cambio sí lo son las cuantificaciones del tipo “tasas de retención”, “número de doctorados”, “edad promedio”, “papers publicados en revistas indexadas”, “citaciones”, etc.
En esta cultura de indicadores que opera como combinatoria de partículas, la identidad moral de las instituciones se desintegra: ante un dato mensurable como “cantidad de papers publicados en revistas indexadas en el último semestre” da igual que estemos en una universidad pública, o privada, o religiosa, o militar. Los números reemplazan a los valores, y el dinero público sigue magnéticamente al dinero privado.
En esta guerra diseminada, quienes construyen las tablas de indicadores y redactan los formularios del caso son los que retienen el poder y controlan el esfínter del sistema. Las universidades se guían hoy más por formularios que por cualquier otra herramienta, y en eso se parecen mucho al sistema médico, donde el doctor jamás mira a los ojos al paciente ni quiere escuchar cómo se siente, sino que se concentra en los resultados de los análisis, y antes de eso hay que pagar.
Está pendiente, quizá, un estudio de los formularios como herramienta de poder y como instrumento de perversión antojadiza de la realidad. Trozar la existencia reduciéndola a casilleros a cada uno de los cuales se ha asignado un valor de cambio constituye sin duda una operación audaz, y lo extraño es que esa metodología tan arbitraria goce de tan irresistible popularidad. Los formularios son instrumentos que permiten operar en la complejidad, pero los formularios son también las herramientas favoritas de las peores dictaduras. Al mismo tiempo, los formularios alimentan la burocracia y la burocracia es un mundo per se, y sobre eso las consideraciones de Max Weber o de José González García en su estudio bellamente titulado “La máquina burocrática: afinidades electivas Weber-Kafka”.
Las disciplinas científicas traducen de modo cristalino su empeño a través de determinados indicadores e instrumentos de medición. Sin embargo, la traslación de esa metodología a disciplinas humanistas o artísticas resulta letal. Así, la vieja cuestión de la hipótesis, que es de gran utilidad en la investigación científica, resulta ociosa en el desarrollo artístico o literario. Lo mismo ocurre con aquello del problema. ¿Qué problema soluciona el diseñador de una nueva silla cuando el problema de sentarse está solucionado hace rato?
Pero si no llenamos como está mandado los casilleros del problema y de la hipótesis no es posible concursar a fondos, ni redactar informes, ni escribir papers, y entonces hete aquí que nuestros académicos de las áreas humanistas y artísticas se empeñan en llenarse de “problemas” y de “hipótesis” que jamás se han planteado, porque su auténtica inquietud intelectual es de otro tipo.
Se desliza así masivamente el mundo universitario al mortecino mundo de la simulación, o dicho simplificadamente, de la mentira. Mientras la verdad nos resulta siempre estimulante, la deshonestidad, aunque ocasionalmente atractiva en cuanto performance teatral, es finalmente fatigosa. Escuchar o evaluar mentiras es muy tedioso, si no irritante, y conduce a prolongar el estado mentiroso de las cosas.
Cuando en la creación de un diseño o de una pieza de teatro o de televisión pretendemos tener todo controlado de antemano, desafiamos el orden natural. La creación artística no opera de ese modo.
Paul Feyerabend, también Donald Schön, Nigel Cross en el área del diseño, y varios otros han querido refutar los métodos canónicos del trabajo académico tratando de validar por ejemplo aquello que durante el proceso se va haciendo y definiendo (“el conocimiento está en la acción”), pero la gracia de los métodos canónicos es que son inertes, estandarizados y eso le gusta a los ministros y a los funcionarios. Los esfuerzos de estos bravos refutadores epistemológicos han carecido hasta ahora de la fuerza testicular que sí fue capaz de mostrar la señora Thatcher, quien con sus políticas ha logrado destruir en tres décadas gran parte de la cultura europea de los institutos politécnicos y academias de arte que datan del siglo XVII. Sobre esto hay un bonito libro de entrevistas a profesores de escuelas de arte europeas post Thatcher, se llama “Ch-ch-ch-changes: Artists Talk About Teaching”, editado por John Reardon.
Pero entretanto hay que seguir viviendo. Los académicos que habitan en la falsedad exhiben indicadores visibles que delatan su traición valórica: cabelleras casposas, mirada opaca, oficinas sórdidas, conversaciones irrelevantes, vestimenta grisácea, gestos artificiales, cautela al decir, intriga al actuar, caminar ralentizado, atención siempre dispersa. Uno sabe, al hablar con uno de esos lagartos que somos o hemos sido un poco todos en esta universidad moderna que a ello nos obliga, que en aquel modo del discurso la verdad es apenas un acompañamiento anecdótico. Lo verdadero y lo real son categorías inciertas, y por ello escasamente atendidas.
Con tales modelos de humanidad autolesionada, los estudiantes no tardan en hacer lo mismo, cayendo también ellos en el opaco agujero de las notas, los intereses falsos, el lenguaje artificial, los trabajos absurdos, el copy/paste, la gesticulación a la medida de los evaluadores. La falta de espontaneidad es lo que caracteriza a las relaciones que hoy mayoritariamente se establecen en el aula y en las salas de reuniones o de trabajo, en los proyectos de título. Esos mismos espacios parecen ridículamente obsoletos en la cultura digital en que acelerada y burbujeantemente vivimos.
Una buena escuela o departamento se nota de inmediato por el modo como se mueve la gente, por su dinámica, y en el caso de las disciplinas artísticas o creativas por su productividad claramente visible, por su fecundidad, como anotaba Whitehead. El taller de Gaudí o el taller del Verrocchio mostraban el vigor de su hacer sin necesidad de planillas excel ni de papers. Los maestros de los talleres escribían, eso sí, algún tratado de vez en cuando, como lo hicieran Durero, o Leonardo, o Francisco Pacheco, o Vasari, o Kandinsky y Klee.
La universidad de hoy, sin embargo, premia a los nerds y castiga o ahuyenta a los espíritus creativos y a las almas dinámicas. El lenguaje entero de la universidad se ha vuelto insoportablemente nerd. No parece que nadie en el mundo coleccione papers o se los lleve a las vacaciones para leerlos o se los regale a un ser querido. El lenguaje y el fraseo positivista de los papers científicos es estiércol cuando lo llevamos al mundo de la creación artística. La creación artística es siempre nueva, sorprendente, y no arranca de hipótesis alguna. Tenemos al arte, apunta Nietzsche, para no morir a causa de la verdad. Pero eso no lo saben nuestros vicerrectores.
La verdad es insoportable (nos habla de nuestra fugacidad atroz, de cómo la muerte nos devora un poco más a cada acto de vida) y por eso ha sido arrojada fuera del sistema universitario, y el arte como sucedáneo soportable de esa verdad insoportable también está siendo barrido de allí.
Toda la basura de pruebas, exámenes y tesis con las que trabajamos en el ambiente académico no pasa en general de ser eso, basura. El conocimiento como algo que se debe demostrar en un test es un asunto lateral en la vida real. Las revistas indexadas son leídas exclusivamente por los autores de los artículos publicados, es decir, que cada cual lee a lo sumo el suyo. Un comentarista especializado en educación superior del diario británico The Guardian hizo un cálculo somero de cuántos papers producen anualmente los académicos de todo el mundo bajo la presión de los indicadores, y calculando que cada uno de esos papers ha sido aprobado y por tanto leído por un comité de tres o cinco integrantes, llegaba a unas cifras exorbitantes, increíbles, imposibles de digerir por la sociedad.
La jerga plana del paper, su previsibilidad estilística, el manierismo morfológico del título, palabras clave, abstract en inglés, citaciones insistentes y redundantes, lo convierten en una herramienta muerta antes de nacer cuando de conocimiento artístico o humanístico se trata. Las capas sucesivas del lenguaje artístico o literario, los repliegues de la forma, no tienen cabida en el estilo forzosamente cándido del paper, construido bajo la lógica anglosajona de declarar todo lo que se va a hacer y de hacer finalmente todo lo que previamente se ha declarado.
Dicen que los espacios artificiales son aquellos a los cuales si no hay castigo uno no concurre, por ejemplo las oficinas o las salas de clase, en tanto que a los espacios naturales como la casa, o un taller, llegamos de todas maneras y sin que nos obliguen. La universidad se ha vuelto un espacio crecientemente alienado y esclavo, del todo artificial, en manos de operadores burocráticos empeñados en convertir lo cualitativo en cuantitativo, una y otra vez.
En el fondo, lo que hay en juego es la eterna confrontación entre dos modos de ver y vivir la existencia. O mediante el miedo, o mediante el placer. O resignándose a ser esclavos, o intentando ser dueño cada cual de sí mismo. Nadie crea desde el miedo, y cualquier aprendizaje que desde el temor se hace es rígido y castrador, restrictivo. Todo lo que sabemos, lo que nos orienta y tiene sentido para nosotros, aquello que nos abre a la existencia, nace de convicciones cálidas y profundas, de nuestra humanidad compartida. Una humanidad que la universidad de hoy no tiene como indicador.
(Texto aparecido en el número 84 (2013) de la Revista Chilena de Literatura, Facultad de filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile)
http://www.elmostrador.cl/opinion/2013/10/28/la-universidad-nerd/

Tuesday, October 22, 2013

CORE, la nueva elección que se nos viene...

El próximo domingo 17 de noviembre de 2013, los ciudadanos tendrán derecho a elegir en todas las Regiones del país, por primera vez a los Consejeros Regionales.

El Consejo Regional (CORE) es un órgano público, resolutivo y fiscalizador, encargado de definir los destinos de la región y financiamiento para los proyectos de infraestructura de cada comuna.

Es necesario tener en consideración que los CORE son las instituciones encargadas de revisar y aprobar los Instrumento de Planificación Territorial que tenemos en Chile, entiéndase por ellos: Planos Reguladores Comunales, Intercomunales, Seccionales, Limites Urbanos y Planes Regionales de desarrollo Urbano. Por tanto el poder resolutivo que tiene, en términos objetivos para el interés Regional, es mayor que el de un Diputado. He ahí la importancia de poder elegir bien a estos representantes, de tal manera que sean capaces de defender el Bien Común y no las mezquinas particularidades.

Es vital que los propios habitantes seamos el eje central de la política urbana regional, por eso nos anima la construcción de nuevas formas de hacer política, donde los vecinos seamos los actores principales de nuestro destino y que las autoridades trabajen a favor del bien común y de una planificación armónica de nuestras Regiones.


Por lo tanto es necesario que seamos muy rigurosos en tomar la decisión de a quien vamos a apoyar en esta primera elección de CORE, para que nos de esperanzas de búsqueda del Bien Común....